Por qué se ponen rancios los frutos secos y cómo evitarlo en tu comercio
Pocas cosas le cuestan tanto a un comercio como un fruto seco rancio. El cliente lo prueba, siente el gusto amargo o el olor a pintura vieja, y la próxima vez no lo compra más. Y el paquete que quedó en la góndola termina como merma o como devolución.
La buena noticia es que la rancidez no es mala suerte: tiene causas concretas, y casi todas se pueden evitar desde el envase.
Qué es la rancidez de los frutos secos
Los frutos secos son ricos en grasas. Cuando esas grasas entran en contacto con el oxígeno del aire, se oxidan: aparecen el sabor amargo, el olor desagradable y el color más oscuro. Es lo que llamamos "rancio".
Hay tres factores que aceleran el proceso:
El oxígeno: es la causa principal. Cuanto más aire queda dentro del paquete, más rápido se oxida el producto.
El calor: una góndola cerca de una heladera, una vidriera al sol o un depósito caluroso multiplican la velocidad de la oxidación.
La luz: la exposición directa también acelera el deterioro, sobre todo en envases transparentes.
La humedad, el otro enemigo
Aparte de la rancidez, está la humedad. Un maní o una almendra que absorbe humedad del ambiente pierde lo crocante y queda "chicloso". No está rancio, pero el cliente lo percibe igual: como un producto viejo.
Por qué el envase hace la diferencia
Un paquete común, cerrado con aire adentro, empieza a oxidar el producto desde el día en que se envasa. Lo mismo pasa con el granel que se fracciona en el local o con bolsas que dejan pasar el aire.
En AZ DOIS envasamos con atmósfera modificada: antes de sellar el pouch, reemplazamos el aire por nitrógeno, un gas inerte que no altera el sabor ni el aroma. Al quedar muy poco oxígeno adentro, el producto prácticamente no se oxida, y el sellado hermético impide que entre humedad.
El resultado: frutos secos que se mantienen crocantes y con su sabor original durante 12 meses, hasta la fecha impresa en cada envase.
Cinco prácticas para cuidar los frutos secos en tu góndola
Además de elegir un buen envase, estas costumbres ayudan a reducir mermas:
Rotá por fecha: lo que vence primero, adelante.
Lejos del calor: evitá ubicarlos al lado de heladeras, hornos o vidrieras con sol directo.
Depósito fresco y seco: las cajas cerradas también sufren con el calor.
Revisá los envases: un pouch pinchado o mal sellado ya perdió su protección.
Pedí cantidades acordes a tu rotación: stock que gira rápido es stock que no se arruina.
Menos mermas, más ventas repetidas
Un cliente que compra un paquete fresco y crocante vuelve a comprarlo. Por eso, elegir un proveedor que cuide la conservación desde la planta es una decisión de negocio, no solo de calidad.
En AZ DOIS fraccionamos maní, almendras, castañas de cajú y nuez mariposa en nuestra planta habilitada del sur del Gran Buenos Aires, con RNPA y bajo Buenas Prácticas de Manufactura, y los vendemos directo de fábrica a supermercados, autoservicios, dietéticas y distribuidoras.
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